Ya no sólo son pitadas en la entrada del edificio, ahora son sabotajes de noticias en directo. Todavía me estoy riendo, buenísimo.
Ya no sólo son pitadas en la entrada del edificio, ahora son sabotajes de noticias en directo. Todavía me estoy riendo, buenísimo.
Más tarde de lo que yo esperaba, pero como no podía ser de otra manera, ha terminado. Parece que fue ayer cuando me dijeron que cambiaba Mendez Alvaro por la Ciudad de la Imagen. Frustrado por tener que coger el coche todos los días y lo que conlleva eso aquí en Madrid me fui para allí el primer día. Empezó bastante mal, porque el atasco de rigor lo quiso así, pero eso se solucionó buscando una ruta alternativa. Y lo que en un principio era un trauma luego se convirtió en una ventaja, ya que no tenía que aguantar las aglomeraciones del metro, la hora punta y sus malos olores… era sólo el coche y yo.
Allí por suerte coincidí con un grupo de trabajo bastante válido, que ahora se han convertido en compañeros de correrías e incluso en amigos. La gente de Telemadrid, igual que en el resto de trabajos, es muy variopinta, pero en especial y destacable por encima de cualquiera, una persona que me ha hecho la estancia muy agradable, a pesar de sus prontos, sus prisas y sus agobios, otra que ha hecho que cambie mi idea de que un alto cargo y los conocimientos técnicos son incompatibles, llegando a hacerme pensar en ocasiones que soy un ignorante.
Allí se han quedado momentos gloriosos. Sería muy largo explicar lo siguiente, así que esta parte va dirigida sólo a mis compañeros de allí. Esos monólogos interminables, esa incapacidad de llamar a las cosas por su nombre, esos púlpitos enormes, esos bailes con el porrompompero, esos montajes, esos apodos ensalzando nuestro defectos (sin maldad, por supuesto), esas mezclas de palabras (Coñón Dios, Poderojos…), esos ¡Que viva España!, ese casi conflicto entre cadenas…
Que difícil es juntar un grupo de gente competente, profesionalmente hablando, con el que se trabaja a gusto y que fácil es separarlo. De los 5 que estabamos juntos, ahora, cada uno estamos en un sitio diferente.
En conclusión, han sido 8 meses muy agradables de trabajo, y ahora, como dice mi madre, no sé donde pondré el nido. Y para colmo, me han jodido el horario, en vez de salir a las 4.30, saldré a las 6.
Simplemente comentar que la entrevista mantenida entre estos 2 personajes me ha sorprendido, gratamente sobre todo por la parte del dueño de Microsoft. Aprovechando que ya se ha hecho eco en otros medios, pego aquí el enlace para el que le interese.
Me ha sorprendido sobre todo que el señor de las “ventanas” reconozca el trabajo pionero realizado por Extremadura a la hora de facilitar un ordenador por cada dos alumnos. Cuando me fui de allí, en octubre de 2004, era éste el ratio de ordenadores por alumno que había, ahora mismo no se si ese ratio habrá cambiado.
Para quien no lo sepa, cuando terminé la carrera en Cáceres, me quedé trabajando por allí porque me gusta mucha la zona, y casualidades o causalidades, acabé trabajando durante 2 años en ese proyecto, llamado Plan de Alfabetización Tecnológica y Software libre de Extremadura, cuya principal meta era alfabetizar tecnológicamente a la gente desfavorecida (tecnoloógicamente hablando) y no menos importante, potenciar el uso de software libre, en este caso LinEx. Todavía tengo amigos trabajando en ese proyecto, y me consta que Cáceres y Badajoz están bastante informatizadas.
Fue un proyecto que tuvo mucho reconocimiento nacional e internacional, hasta tal punto que llego a ocupar una parte del New York Times (no he conseguido encontrar la noticia para enlazarla aquí, pero doy fe que existe), y como no, otras comunidades, siguiendo el ejemplo dado por esta región, se copiaron, en el buen sentido, la forma de trabajar y empezaron a desarrollar productos tales como MoLinux (Castilla-La Mancha), Guadalinex (Andalucía), LinKat (Cataluña), etcétera.
Ha llovido desde entonces, pero el hecho de ver que una persona de tal calibre reconozca ese trabajo es como una especie de palmada en la espalda.
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