Noche casi en vela, despertador implacable como todas las mañanas, muy temprano para mi gusto, ducha por costumbre, no necesaria para despertarme, ropa de curro y de camino al sitio donde cambio mi tiempo por dinero.
Atasco enorme porque a algún inteligente se le ha ocurrido asafltar la carretera un lunes por la mañana en plena hora punta. Llego tarde, que no estaría mal siempre y cuando no tuviera que quedarme el mismo tiempo delante de la pantalla trabajando. Día laboral más o menos tranquilo después del enfado.
Por fin llegan las 8 de la tarde y salgo a la calle a que me vuelva a dar la luz del poco día que me queda por disfrutar. Como es tarde, algo “bueno” tendría que tener el día, no me encuentro en otro atasco de vuelta a casa, pero como contrapartida cuando llego me paso 20 minutos de reloj hasta que encuentro un aparcamiento para el coche.
Cierro el día con una cena ligera, con un poco de conversación con mi compañero de piso, preparo la comida para mañana, y me acuesto pensando en que mañana no va a ser diferente. Bueno, una parte de mi quiere pensar que puede ser mejor!
Por supuesto, esto sólo puede pasar en MADRID. Hay días en los que no me gustaría estar aquí, y éste, evidentemente, es uno de ellos.
Con lo bien que se vive en un pueblo…
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