Después de esta cuarentena, vuelta a la actividad bloguera.
Primera nochevieja fuera de casa, un país diferente y una sensación extraña a la hora de cambiar de año. Me apetecía desde hacía mucho tiempo ir a New York en Navidad, por eso de ver toda la parafernalia que los yankees preparan, como el árbol de navidad al lado del edificio Rockefeller, el ambiente en la noche del día 31, y por supuesto, visita obligada a la ciudad que todo el mundo debería conocer antes de morir.
Pues bien, el día 27 vía Dublín nos dirigimos hacia la gran manzana los 3 mosqueteros. Llegada el mismo día gracias a la diferencia horaria, y primer contacto con los americanos en la aduana, en la cual tuvimos unos problemillas por culpa de los nombres comunes, yo no
. Taxi al hotel y paseito por el circo de Times Square para adaptarnos un poco a nuestro destino.
Si tengo que elegir algo de todo lo que hemos visto y visitado en 10 días, desde luego, sin discusión alguna, es Central Park. Un parque así en medio de la voragine de edificios se convierte en un lugar en donde la paz se opone al ajetreo de la ciudad. Desde luego, todo lo vivido es digno de mención, Guggenheim, MOMA, MET y Museo de Historia, éste último un poco flojo, como museos, Empire State, Rockefeller, Chrysler Building, FlatIron, como edificios, y un gran etcétera que no defrauda al visitante, sea de donde sea.
Hubo dos momentos más que marcaron el viaje, los dos dentro del mismo día, ese fue el día “Black power”. En la mañana de este día, domingo 4 de enero, fuimos a Harlem, a una misa Gospel, muy impresionate, además de por las voces del coro, simplemente espectaculares, por la pasión y el sentimiento de la gente durante la celebración, y sobre todo, durante el sermón del predicador. Y la tarde, incluso mejor, si cabe, partidazo en el polideportivo por excelencia ó como denominan los autóctonos, “The World’s Most Famous Arena in the heart of New York City”, New York Nicks: 100 – Boston Celtics: 88. Ya de por sí el pabellón impresiona con las banderas de Canadá y Estados Unidos escoltando al marcador, más aún cuando un trompetista se arrancó a tocar el himno americano y el público, enfervorecido, entraba en éxtasis con cada una de las notas del mismo. Por hacer un resumen rápido del partido, sin entrar mucho en el juego, para eso están los expertos en el tema, ambiente sobresaliente, un público completamente volcado con el equipo local, y más aún cuando poco a poco se veía más cercana la posibilidad de derrotar al actual campeón de la NBA. Al final, un marcador favorable para los Nicks y un regusto más que dulce en esta peculiar visita.
Y que decir tiene, que una vista a esta ciudad no sería plena sin unas vistas panorámicas desde el Empire State, o en su defecto desde el Rockefeller. Nosotros nos decantamos por ambas opciones, la primera noctura, y la segunda diurna, para contrastar.
Y para que se entienda un poco mejor de lo que estoy hablando, he aquí unas imágenes “americanas”.
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| New York |

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