Únicamente suelo acudir a la sanidad privada cuando tengo que hacer una visita a un médico especialista, como ha sido el caso de hoy, y así evitarme las esperas que se producen en la sanidad pública a la hora de conseguir una cita. Lo sucedido hace un rato me ha demostrado que no por ser una atención privada, de acceso limitado a las personas que están dispuestas a pagar por un seguro médico, implica que el trato sea tan cercano, atento y amable como me gustaría siempre que visito a un especialista, algo, que por lo menos para mi no es plato de buen gusto.
Después de la explicación, se entenderá perfectamente mi malestar, el cual según voy escribiendo, por suerte, va desapareciendo. A raíz de muchos dolores de cabeza tras largos períodos delante de la pantalla del ordenador forzando la vista, y después de que me sugirieran en el reconocimiento médico del trabajo la visita a un oftalmólogo, me decido a ir a uno de los muchos que mi aseguradora, Sanitas, tiene como posibles. El seleccionado fue uno situado en la calle de Fernandez de los Ríos y evidentemente no fue un acierto. Aunque suene a chiste, ya empezó mal cuando me cogieron el teléfono el día que llamé para pedir cita, con una telefonista bastante desagradable. Siendo esto el primer contacto que tiene un futuro paciente con el médico, se debería cuidar al detalle. Y por el contrario, este trato me hizo pensar en cambiar de médico, pero, equivocadamente, pensé en que la gestión del consultorio no tendría que verse influida por la desidia de la recepcionista. Llegó el día, hoy, y allí me presenté, puntual como un reloj, a las 17.45, saliendo antes de trabajar, y pagando religiosamente la zona azul, para encontrarme con un recibimiento por parte de la secretaria que nada le tenía que envidiar al envite telefónico, y, lo más importante, y lo que más me desesperó fue la larga espera de 45 minutos para una visita que duró apenás 5 minutos, y ni un mísero “Disculpe la espera” por parte del doctor. Algo que todavía sigo sin entender, y que por más que lo intento no lo consigo, es por qué si llamo para pedir cita, tengo que esperar para una atención, que para colmo pago. En la Seguridad Social lo puedo llegar a entender, ya que se intenta atender a todos los pacientes posibles y que no se pueden o no quieren pagar una cuota por acceder a tal bien. Y como todo problema requiere una solución, éste no iba a ser menos. Desde luego que este berrinche no llegará a ningún sitio, pero una atención un poco más cercana y unas esperas bastantes más reducidas harían que no estos enfados no se produjeran.
Con esto, no quiero decir que todos los malos estén en la sanidad privada ni que toda la sanidad privada sea mala, este caso, de hecho, ha sido una excepción. Como ejemplo, el Instituto de Rehabilitación situado en Cea Bermúdez, 66, y al que voy por una contractura en la espalda, muestra la profesionalidad que se espera de un servicio así, las 2 recepcionistas que están en la entrada son encantadores y el equipo de fisioterapéutas son bastante cercanos al paciente, algo que se espera de una visita no planificada.
Me consta que en otros seguros es incluso peor.

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