Érase una fecha, érase un lugar, érase un jóven… el jóven soy yo, el lugar, Madrid y la fecha, el año de mis 28. En este año que estoy a punto de dejar atrás he aprendido muchas cosas importantes, pero si me tengo que quedar con una en particular es con la amistad. Es algo que ahora valoro mucho más, por diversos motivos que no vienen al caso sacar a relucir, es algo que nadie te impone, al contrario, eliges a la gente de la que quieres estar rodeado, y es algo, que al contrario que el amor, es eterno…
A diferencia de lo que le pueda pasar a otros, a mi me gusta hacer balance del año cuando incrementa el número de mi edad y no cuando lo hace el del calendario. Últimamente he visto odas a la amistad en obras de teatro en las que he estado, en libros que me he leído, y eso ha hecho que me haya animado a escribir este post. Ahora que termino un año diferente,muy diferente a todos los anteriores que he vivido, pero no por ello peor que éstos, sé que estoy rodeado de gente que nunca me va a fallar, con la cual he aprendido a divertirme, a tener respeto, empatía y muchas otras cosas necesarias para que una buena amistad se diferencia de otra que no lo es.
No presumo de tener muchos amigos, pero si lo hago de tener a aquellos que puedes llamar hermanos. Plasmarlo aquí es una forma de agradecerles que estén ahí, que me hayan entendido tal y como soy, que me respeten y que me ayuden a progesar a diario.
Gracias a ellos!
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